jueves, 11 de agosto de 2011

Reflexion



Jamás voy a entender las relaciones. Ninguna. La de nadie. Siempre hacemos todo complicado, discutimos por tonterías, damos demasiada importancia a cosas que no la tienen.

Yo siempre pongo el ejemplo de mis padres. O de mis abuelos. Ellos sí que sabían lo que es una relación, lo que es amar. Tuvieron que pasar guerras, servicios militares, comunicarse por cartas que llegaban cada uno o dos meses porque el servicio no era tan eficaz como ahora. Era sencillo: creer en la otra persona. Ahora todo el mundo se da por vencido facilmente, en cuanto hay una complicación huyen. En cuanto se pone tierra de por medio ya ven un motivo para no seguir estando juntos.

No es una queja personal, la mayor parte de mi relación la he vivido a distancia. Y en unas semanas tendrá que volver a ser así durante medio año, pero no tenemos pensado dejarlo. ¿De verdad lo veis tan dificil?

A lo que yo me quiero referir es esas ganas que tiene todo el mundo actualmente de revolcarse unos con otros, sin mirar con quien, sin mirar si harán daño a alguien. Aunque bueno, eso de hacer daño a alguien hay veces que es inevitable.

Yo me quiero referir a que actualmente pocas personas tienen fe en nada. Y lo veo triste.

Aprendan a luchar.

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